Espiritualidad Cristiana

31.01.2023


¿Qué es la Fe?. Pues es el sentimiento más noble del hombre, transmitido de generación en generación. Y si esa fe va acompañada de una clara razón, que nos permita reflexionar y coordinar, podemos estar tranquilos porque estamos en el sendero correcto hacia la verdad absoluta.

La Fe no es visible ni palpable; es producto de la realidad divina. Todos los hombres podemos recibirla, dependiendo la mayor o menor intensidad de recepción de la misma de nosotros mismos en primer término, de nuestro interés y claro está en segundo término de Dios.

Deberemos crear dentro de nuestra alma grandes ideales humanos, y tomarnos el suficiente tiempo para desarrollarlos. Como todo en esta vida, tendremos que estudiar los factores que han de intervenir, determinando su orden y resolviéndolos parcialmente. No es buena idea pensar que una gran obra pueda llevarse a buen fin por el sólo deseo de realizarla. 

Nada habrá capaz de oponerse a que nos lleve la Fe a los más altos designios, si sabemos eliminar las interferencias negativas.

Podemos calificar a la Fe como la gran amiga del alma, a la que transmite los sentimientos más sensibles, que tienen un origen divino. 

¿Y la Caridad?. Pues podemos situarla a la derecha de la Fe, ya que unas veces la pondremos en práctica por impulsos de ella y otras es la Caridad la que moviliza a la Fe.

Practicar la Caridad, con todo el desinterés personal con el que debe realizarse, ya que de lo que hace la mano derecha no debe de enterarse la mano izquierda, es una de las más grandes satisfacciones que recibe nuestro corazón.

Es también la Caridad un gran elemento impulsor para elevar la espiritualidad de la sociedad humana y si se consigue que venga acompañada de su gran amiga la humildad, francamente pueden alcanzarse unas alturas que solo los privilegiados pueden escalar.

La Caridad es en general, compañera inseparable del hombre bueno, humilde, inteligente, perfecto, portadora de la felicidad terrenal y paso fundamental para alcanzar la eterna.

Fue Jesús como hombre, quien más la prodigó, seguido de sus apóstoles que lo abandonaron todo por seguirle.

Desgraciadamente una parte de la humanidad desconoce todo lo anterior, preocupada en exceso por su egoísmo personal, que induce a una sociedad que favorece solamente a unos cuantos afortunados por la desordenada lotería de la vida, con falta de justicia y de caridad. Esta sociedad inocula en la sangre de los desafortunados el germen de la envidia, la mentira, la ira, cometiendo los más repugnantes actos y justificándolos como normales. Su estado de desesperación no les permite ver que están equivocados.

Emilio Blasco. Ciudadanía Cristiana 

AD MAIOREM DEI GLORIAM 

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